“Un día sin nosotras”: ¿anécdota o resultados?

Un día sin mujeres

Antonio “N” está sentado frente al televisor, se rasca los huevos y, aunque aún no pasan siquiera de las diez de la mañana, pide otra cerveza. La novena o la décima, ya perdió la cuenta. Su mujer no fue a trabajar ese día, pero Antonio “N” no tiene la más remota idea de por qué. Hace por lo menos una semana que no le cae ningún negocio que valga la pena. Eso le preocupa. Eso y el dinero que se va como agua. Llama a su mujer y le grita que le traiga la pinche cheve. Así dice. “Vieja, ¿dónde está mi pinche cheve?”. Y no obtiene respuesta.

La esposa de Antonio “N” sí sabe muy bien por qué no fue a trabajar este lunes, 9 de marzo. Es el día sin mujeres y ella quiere aportar su granito de arena, como dicen otras féminas importantes, de las que se visten elegantes y no se asustan con la proximidad de un micrófono. “Es un paro nacional”, le dijo Lupe, la secretaria del director y muy amiga suya. “Van a aprender lo que es vivir sin nosotras.”

Lo que no le dijo Lupe es que otros paros laborales pegaban directamente en los bolsillos de los dueños de las empresas porque no iban a trabajar mujeres ni hombres. Y no era un día, eran huelgas que se prolongaban indefinidamente hasta que los propietarios se veían obligados a ceder para no seguir perdiendo millones.

Una excelente idea, a propósito de remover cimientos, hubiese sido unirse para no pagar impuestos, no un día, sino un año o más. Hasta que el gobierno vea sus arcas vaciarse y el sustento para su maquinaria política irse al garete. Es fácil vaticinar que las reacciones hubieran sido inmediatas, aunque posiblemente, bastante extremas.

No es el caso. En esta ocasión, el movimiento “Un día sin nosotras” apunta a crear o reforzar conciencia en el seno de la población mexicana para luchar contra los abusos —físicos, psicológicos, económicos— que a diario sufre buena parte del sector femenino y cuyo atroz pináculo viene sustentado por las cifras de feminicidios que, a nivel nacional, van en aumento.

Sin embargo, uno de los más graves problemas que debe afrontar este movimiento no es la desidia social sino, paradójicamente, su efectivo alcance convocatorio que ha servido de oportuna plataforma para otros grupos que persiguen sus propios propósitos y hacen mella en la razón de ser de “Un día sin nosotras”.

Por ejemplo, no han escaseado las feministas que se apropian de este banderín en aras de encauzar la convocatoria hacia su sempiterna causa antihombre. Olvidan que no se trata de una lucha de géneros, quizás porque olvidan también que a Fátima —citemos un doloroso y muy reciente caso— fue precisamente una mujer quien la asesinó. Limitar este paro a una pugna entre lo masculino y lo femenino resulta equivalente a preocuparnos por el uso mortal de las armas blancas y olvidarnos de las armas de fuego.

Del mismo modo, personajes contrarios al gobierno se sitúan convenientemente al lado de las mujeres para llevar agua a su molino. Sus intenciones son lograr la desestabilización política y quedar como defensores de los derechos de los sectores más vulnerables. Otra vez, simple manipulación de causas.

Las mujeres de México han logrado lo más importante: que su clamor sea escuchado por todas. Falta ahora lo más importante, que este clamor se traduzca en resultados y no quede, a ojos de la historia, como un dato anecdótico y nada más: el día en que las mujeres no fueron a trabajar.

Es por tal motivo que la esposa de Antonio “N” no va al refrigerador para alcanzarle su novena o décima cerveza. Porque sabe que quedarse en casa y obedecerlo, más que un castigo, sería un premio para él. Quiere aportar su granito de arena. Pero tiene miedo. Mucho miedo porque Antonio “N” es de carácter volátil y ya la ha golpeado más de una vez. Y es verdad que la convocatoria al paro de mujeres la repitieron hasta el hartazgo en los programas de debate de la radio, en los noticieros de la televisión, en algunas columnas de los diarios, pero Antonio “N” no escucha la radio, de los periódicos sólo observa con morbo la imagen desnuda de la chica de turno y el televisor sólo lo enciende para ver el futbol y ahí, durante el partido de su equipo, ningún narrador habla de violaciones o feminicidios. La esposa de Antonio “N” permanece estática, convencida de que, pase lo que pase, ella no le va a llevar nada de nada. No ese día. No el 9 de marzo. Y se lo repite y se lo repite y ni siquiera cierra los ojos cuando ve a Antonio “N” avanzar hacia ella, preguntando a gritos por su cerveza, con los ojos rojos y los puños cerrados.

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Publicado en Espacio 4

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