Cuba suma migrantes y muertos

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Veracruz resultó el final del sueño americano para, al menos, tres cubanos —presumiblemente un hombre, una mujer y un menor de edad— que formaban parte de un grupo de migrantes ilegales y perdieron la vida en un accidente automovilístico. El percance tuvo lugar el 15 de marzo en la autopista La Tinaja-Cosoleacaque. Además de las víctimas mortales, otros 16 resultaron heridos, entre ellos seis menores de edad.

Los números son comprensibles si se combina una camioneta tipo van atestada de gente y un velocímetro que pasea su aguja sobre cifras de tres dígitos. De acuerdo con la Oficina del Migrante de Veracruz, otros siete cubanos permanecen en estado grave. Los acompañaban nicaragüenses y quién sabe si algún otro migrante de distinta nacionalidad. El destino de todos ellos —Estados Unidos— aún les quedaba muy lejos.

Público el accidente, la embajada de Cuba en México se pronunció con su habitual tono burócrata y oficinista para informar que había «conocido de la ocurrencia en las últimas 24 horas de dos trágicos eventos en los estados de Veracruz y Monterrey (sic) asociados al tráfico irregular de migrantes; con el lamentable resultado de víctimas fatales y otros lesionados».

En relación al accidente en Monterrey no había mayor información disponible al momento de escribir estas líneas. La sede diplomática no desaprovechó la oportunidad para repetir una vez más que «como ha sido tradición, Cuba aboga por una migración legal, segura y ordenada que evite perjuicios y daños a las vidas humanas».

Lo curioso —lo irritante— es que por más de medio siglo el Gobierno cubano ha mantenido su discurso sobre la importancia de evitar la migración irregular, pero no ha hecho nada para evitarla. O quizás sí, reunirse con funcionarios de Estados Unidos para que ellos suavicen restricciones o bondades —según sople el viento— en su política migratoria y los cubanos desistan de ir tras mejores horizontes que, seamos sinceros, en el caso de Cuba, prácticamente cualquier horizonte es mejor.

La realidad es que mientras más se recrudezca la situación económica en la mayor de las Antillas —consecuencia directa del egoísmo político de su cúpula gubernamental, algo que ellos venden como patriotismo— el número de personas que busca abandonar el archipiélago se multiplicará.

México representa una vía cada vez más socorrida. No en vano, las citas en la embajada mexicana en La Habana se venden a más de mil dólares. Intentar acceder a ellas por la vía establecida en su sitio web resulta sencillamente imposible. Este negocio tiende a solidificarse porque conviene a ambas partes. Sería iluso pensar que los funcionarios mexicanos no están al tanto del asunto. ¿Cuánto les toca a ellos y cuánto a la parte cubana? Imposible adivinarlo, pero las ganancias son jugosas y mientras el escándalo no explote, la trampa no solo se mantendrá: se intensificará.

A pesar de las dificultades o justamente gracias a ellas, la voluntad del cubano promedio se fortalece. Intentará una y otra y otra vez abandonar su propio país, su familia, sus amigos, para acceder a la posibilidad —la promesa apenas— de un futuro mejor. No importa si se pierde la vida en el intento. Más vale morir libre en una autopista mexicana que vivir esclavo en las calles cubanas.

Ojalá noticias como estas no se repitan. La migración cubana ilegal solo se detendrá cuando tenga lugar un reajuste político, no económico como en la mayoría de las naciones. Y es que, en el caso de Cuba, la política determina, fija y condiciona la economía.

A pesar del luto, celebro. Quiero pensar que por cada cubano muerto en el intento por llegar a un destino mejor, hay otros que sí lo logran y de los cuales no sabemos porque los periódicos no son fans de las buenas noticias. Además, ya lo dijo el apóstol: «En silencio ha tenido que ser, porque hay cosas que para lograrse han de andar ocultas».

A quienes lo lograron: ¡Felicidades! A quienes no y lo intentaron: Nuestro más sentido respeto. El resto que calle o aprenda.

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Publicado en Espacio 4

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