Cuba
Edgar London
 
Edgar London
Reconocimientos
Mi desván
Con Voz Propia
Tamba Bay Cuba
Pero insisten en saber a quién le voy
Otros sitios
Cubaliteraria
Isliada
Lecturalia
Otrolunes
REMES
Vercuba
 




Cuba, Constitución, sueños y almendrones
Otrolunes.com - 28 de septiembre de 2018

Constitución cubana
Nueva Constitución
Más recelo que alegría

Otros textos de interés
Reyes Flores, ¡hágase valer!
Comunismo a la mexicana
Amparan a Jorge Torres y celebra Humberto Moreira
De Yalitza Aparicio a Liam Neeson, ¿mojigatos o racistas?
95 muertes y comportamientos humanos

En un país como Cuba, donde la política sufre un pesaroso anquilosamiento de más de medio siglo, no es de extrañar que la propuesta de una nueva Constitución haya llamado tanto la atención, no sólo dentro del territorio nacional sino también más allá de sus fronteras. Es curioso —me atrevo a conjeturarlo— que haya despertado mayor interés en la comunidad internacional que en la diáspora cubana —aceptando el polémico término y excluyendo a sus integrantes más extremistas— o en los propios residentes del archipiélago —de nueva cuenta no incluyo a los fanáticos, no importa si oficialistas u opositores—. Sin embargo, esta singularidad que raya en la contradicción, tiene su razón de ser a partir de la imagen que ha proyectado Cuba hacia el exterior desde el mismísimo año 1959. Se trata, es indudable, del más vetusto bastión de la izquierda en Latinoamérica, sino en todo el mundo.

Si bien los cubanos, no importa donde radiquemos, estamos conscientes de que esa imagen hoy, no corresponde a la realidad de los inicios de la Revolución, con los barbudos que sonreían sobre tanques de guerra y la muchedumbre que —entonces sí— inundaba las calles de manera voluntaria para vitorearlos por la transformación que traían al país, de igual manera no podemos negar que decir Cuba aún representa, para muchos jóvenes y soñadores, un símbolo de rebeldía.

De esta suerte, el anuncio de una mutación constitucional atrae las miradas de muchos, algunos preocupados porque las próximas disposiciones diluyan la esencia de una ideología que ya tiene más de leyenda que de verosimilitud, mientras otros oran por la legitimización del sistema y su adaptación a las nuevas condiciones políticas, sociales y económicas del país, la región y el mundo.

El cubano promedio —sin importar en qué latitud deje su huella— es mucho más escéptico. A punto de cubrir siete décadas de estancamiento político, ninguna promesa de cambio en este ámbito lo conmueve realmente. Sigue de cerca la novedad constitucional igual que si mantuviera los ojos clavados en la trama de una película, más o menos entretenida, pero con un guion predefinido y que ningún espectador podrá cambiar.

Aun así, es apropiado echar un vistazo a los canjes publicitados dentro de la venidera Constitución, especialmente por tratarse de un ejercicio muy poco frecuente —pensemos, por ejemplo, que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos ha sufrido 696 modificaciones— y podremos comprobar que los principales titulares internacionales destacan el reconocimiento al mercado, la propiedad privada y la inversión extranjera como parte de la economía del país (un formalismo necesario); la creación del cargo de primer ministro (más bien, revivirlo, porque en realidad ya existía entre 1959 y 1976); ponerle cota a los períodos presidenciales (no más eternizaciones en el poder como lo hizo Fidel Castro); y quizás la más llamativa de todas, especie de mancuerna bastante curiosa y hasta cierto punto contradictoria, pues por un lado deja en claro que el Partido Comunista de Cuba (PCC) seguirá siendo la única fuerza gobernante de la nación, pero, al mismo tiempo, ya no orientará “los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista" como queda establecido en el actual documento porque ese último fragmento —el avance hacia la sociedad comunista— será retirado. En pocas palabras, se trata de un partido comunista que no avanza hacia el comunismo. Sobran las palabras.

No se necesita de grandes conocimientos políticos para vaticinar que esta nueva Constitución no requerirá de otros 42 años —la actual data de 1976— para volver a ser modificada. Se trata de simple sentido común. La velocidad cambiante del mundo no dejará resquicio para próximos anquilosamientos. No se puede amparar un sistema moderno con disposiciones arcaicas, mucho menos maquillar un sistema arcaico con disposiciones modernas. Cuba seguirá, por el momento, representando su papel de símbolo izquierdista, mas no nos engañemos. La Revolución en 2018 —me refiero al término histórico, no a su función, evidentemente ya desplazada— no arrastra a multitud de cubanos como en 1959, es más referente para utopías al otro lado de las fronteras. La Revolución, hoy, es como los almendrones —para los extranjeros, término con que nos referimos a los autos antiguos—, todos quieren verlos, pero pocos se atreven a montarse. Cuando un turista temerario comprueba en carne propia cuánto rechinan los muelles, el costo de las piezas de repuesto, la contaminación que generan o la inseguridad con que se viaja, da por terminada la aventura y se baja del carro. El problema es que muy pocos cubanos cuentan con esa posibilidad: decir hasta aquí y poner fin al trayecto. Están obligados a seguir y seguir y seguir, quién sabe hacia dónde, porque hacia el comunismo no es… ya eso quedó bien definido en la Constitución entrante.


Escriba aquí sus comentarios...
Por favor, llenar ambos campos.
   
Nombre:
Comentario::


Recomendado Recomendados
De Yalitza Aparicio a Liam Neeson, ¿mojigatos o racistas?
De Cuba a Brasil, de Brasil… ¿a México?
Dios proveerá… si AMLO quiere
Escuela para ovejas
 
 

Inicio Libros Antologías Publicaciones Reconocimientos Mi desván Con voz propia
 
ARRIBA