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Féminas, farsas y fechas
Espacio 4 - 14 de marzo de 2017

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porque Dios también es hombre.

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Conozco un tipo que no hace regalos el Día de San Valentín. Dice —y concuerdo— que se trata de una fecha marcada por la mercadotecnia, donde los principales ganadores son las tiendas que multiplican sus ganancias en esa jornada específica, a costa del amor que se profesan las parejas, muchas de las cuales ni siquiera estarán juntas el próximo 14 de febrero. Ignoro si ese mismo tipo ofrece algún presente a familiares y amigos el 25 de diciembre, otra fecha en que aparece incluso el espectro de la Coca Cola como gran conspirador, o el día de las madres o de los padres o el fin de año.

El dato me parece curioso porque ese mismo tipo planea casarse y para lograrlo, desembolsará cientos de miles de pesos por un evento que ni siquiera cubrirá las 24 horas que dura uno de los días antes citados. Donde, además, los negocios que intervienen en el aporte de recursos para la realización de las nupcias —invitaciones, salón, vestido de novia, traje, joyería, música, alcohol, bufet, arreglos florales, recuerdos, por citar los más elementales— también verán incrementado el contenido de sus arcas y quién sabe si al año siguiente los recién casados no estarán lanzándose los trastes a la cabeza.

Realmente no importa porque, lo que sí puedo asegurar, es que al menos el 8 de marzo no pasó inadvertido para él. ¿Quién sabe si su mamá lo aleccionó para que demostrara un poco más de simpatía hacia las féminas, desde su arquetipo universal, ya que no hacia su novia? Una postal digital se le antojó suficiente prueba de aprecio para romper su habitual apatía.

Y es que pasan y pasan los años y las mujeres no acaban de encontrar su justo lugar dentro de una sociedad eminentemente machista como lo es la occidental —mejor ni pensamos en Medio Oriente—. Su lucha parece haber comenzado el mismísimo momento en que terminó aquel añejo matriarcado que muchos todavía ponemos en duda. Si damos una ojeada a la historia, los nombres de héroes, artistas, científicos y personajes ilustres suelen sacar ventaja, cuando se miden hombres contra mujeres, en una proporción de diez a uno a favor de los primeros y sospecho que estoy siendo muy conservador.

Hoy y ayer y antier y antes de antier, las féminas han mantenido su voz en alto para exigir la inclusión o reivindicación de derechos que les son intrínsecos y que los hombres suelen sustraerles o negarles. Esto no es nada nuevo y, hasta cierto punto —tan injusto como lógico— se comprende porque nadie quiere ceder el poder, una vez que lo tiene, da igual si se trata de luchas de género o de otra clase.

Sin embargo, resulta paradójico que, en no pocas ocasiones, suelen ser ellas mismas quienes peor se traten durante el difícil trayecto que las ha de conducir hacia la adquisición de una existencia más equitativa. Feministas atacan a sus pares y las acusan de pasivas por no abrazar su ideología. Al mismo tiempo, estas últimas despotrican contra las primeras por considerarlas extremistas cuya posición no hace otra cosa que remarcar diferencias donde las hay y hacer surgir otras inexistentes.

Quisiera equivocarme, pero temo que la mayor amenaza para las mujeres no son las designaciones legales ni los tabúes sociales impuestos por los hombres, sino la falta de cohesión y tolerancia que existe entre ellas mismas. Cuando una mujer ríe un chiste machista, da al traste con las miles que salieron a marchar en una avenida cualquiera. Cuando una mujer renuncia a un cargo político para cederlo a un hombre, echa por tierra las buenas intenciones de aquellas que buscan mayor representatividad en los cargos públicos. Pero lo más triste e importante, cuando una mujer rechaza una flor por parecerle símbolo de debilidad o excesiva ternura, destroza de cuajo los pilares de las millones de mujeres que buscan un trato más justo sin renunciar a su feminidad.

Por eso debemos aprovechar cualquier circunstancia para demostrar que las mujeres son pieza clave en cada estrato donde la humanidad se concibe a sí misma. Llámese política, economía, cultura, ciencia o sociedad. Así que, mujeres, si el próximo 8 de marzo les llega, de un hombre, una postal digital. No se conformen con eso. Siempre pidan más, mucho más. Lo merecen.


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