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Cuba-EUA: pasos, pesos y poses
Otrolunes.com - 13 de enero de 2015

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¡Ey!, esto no es un cuento de hadas, donde la bruja mala muere y todo, en un santiamén, regresa a la normalidad.

El acercamiento entre Cuba y Estados Unidos, que se ha convertido, con sobradas razones, en noticia de carácter mundial, significa una excelente noticia, sí, pero es irónico que los cubanos queramos, ahora, después de más de medio siglo de inactividad política y económica, resolver nuestros problemas en menos de medio minuto.

Se trata de una actitud que muchos pueden tildar de irreflexiva, incluso pueril, pero no podemos menos que sentirla justificada. A fin de cuentas, la dinámica que rige al mundo, más allá de las fronteras cubanas, viene caracterizada por un feroz signo de inmediatez, muy distinto a la pasividad con que el gobierno cubano suele adormecer a sus ciudadanos, siempre en pos de un futuro mejor, pero que sentencia a muerte cualquier posibilidad de efecto en el presente.

Pareciera que la sociedad cubana, tras el anuncio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, despertase de pronto de un letargo más dañino que el sueño de la Bella Durmiente, y como el sediento que abandona el desierto y quiere beber toda el agua del mundo, busca recuperar el tiempo perdido, imaginando, más que acelerando, las dichas que puedan derribar el muro de escepticismo erigido en la conciencia criolla tras años y años de promesas incumplidas. Pero ¡cuidado!, más fácil puede morir ese hombre sediento por beber en exceso y con demasiada rapidez, que por dosificar el líquido vital en pequeñas cantidades, aun cuando la sed le queme la garganta.

Ya lo reza el dicho, quien vive de ilusiones, suele terminar muriendo de desengaños. Y no se trata de seguir parapetados tras ese muro de escepticismo, pero antes de lanzarnos al vacío deberíamos, primero, alistar nuestras alas. Un acercamiento a Estados Unidos, no sólo es provechoso, en el caso de Cuba podría resultar vital, especialmente con el desplome de los precios del petróleo y la pésima situación por la que atraviesa en estos momentos Venezuela, el más reciente padrino de Cuba tras la debacle socialista en Europa del Este y que poco o nada va a poder seguir brindándole a La Habana. Sin embargo, Washington tampoco es el mago Merlín, aunque verdaderamente sea capaz de cambiar al mundo, y su acercamiento responde a intereses que distan mucho del arrepentimiento histórico o prácticas altruistas.

En pleno siglo XXI, los cubanos no debiéramos preocuparnos por que el “imperialismo yanqui” vaya a saquear nuestras riquezas, como nos han advertido, desde que éramos niños, los libros de historia pues, para empezar, no hay muchas riquezas que arrebatarnos. Empero no estaría de más atender, por citar un caso, los conflictos que Rusia mantiene y recrudece con Ucrania junto a buena parte de Europa. ¿O debemos tomar por coincidencia que, justo después del anuncio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, Moscú confirmara los lazos de amistad y camaradería que siempre ha mantenido con el pueblo cubano? Nos guste o no, nuestro país ha sido, y lo sigue siendo, una pieza importante en el rejuego político de estas dos potencias enemistadas desde la Guerra Fría. Me pregunto qué bando apoyará Raúl Castro una vez que le estreche la mano a Barack Obama y no sólo para decir su nombre, como sucedió al encontrarse ambos en Johannesburgo, durante el funeral de Nelson Mandela.

Este tipo de decisiones políticas repercutirá directamente en el venidero curso de las relaciones económicas entre ambas naciones que, sin duda, representa el elemento que los cubanos, en el interior del archipiélago, quieren ver más desarrollado. Por supuesto, se trata apenas de un ejemplo que muchos autores parecen haber pasado por alto, concentrados como están en el destino de los presos políticos que todavía sufren condenas en cárceles cubanas, la violación de los derechos humanos o la ausencia de libertad de expresión, cuya víctima más reciente fue la artista Tania Bruguera, detenida el 31 de diciembre (junto a ocho decenas de opositores) por querer representar una obra, evidentemente de carácter crítico contra el régimen castrista.

Por eso es importante no intentar correr sin antes aprender a caminar y, en el caso de Cuba, su gobierno apenas gatea cuando se trata de negociar con naciones que mantienen una activísima agenda en política exterior. Aquellos que quieren ir demasiado aprisa caerán víctimas de la desilusión al comprobar que el embargo de Estados Unidos no se levantará de la noche a la mañana, menos ahora, cuando el senado pase a ser mayoría republicana. Asimismo, sufrirán con la persistencia de viejos inconvenientes (ideología radical, censura, represiones, burocracia, dualidad monetaria, odio entre “patriotas” y “gusanos”) que se mantendrán activos y lentificarán el desarrollo económico y social que todos los buenos cubanos deseamos para la mayor de las Antillas.

Debemos entenderlo, la instauración de una democracia plena en Cuba (base del bienestar público para cualquier nación en la época que nos ha tocado vivir), está condicionada por múltiples factores que no se solucionarán porque a Barack Obama se le ocurrió, un día, tendernos la mano y mucho menos porque Raúl Castro, tras más de un año de reuniones secretas, decidió aceptarla.

La cascada de beneficios con que muchos sueñan no caerá en ninguna parte. Pero esa realidad no nulifica el provecho que puede provocar este acercamiento. ¡Claro que hay un cúmulo de oportunidades reales e inmediatas que ambos países buscarán aprovechar! Algunas ya han sido anunciadas. Por las otras, cada vez mejores, debemos esperar. Recordemos que Cuba está actualmente en coma y lo último que necesita es un gaudeamus mortal. Mejores resultados obtendrá de un suero que la nutra, gota a gota, leve pero persistentemente, para que desde ambas orillas podamos asimilar los cambios, cedan los rencores y tengamos, no un futuro, sino un presente mejor.


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