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El Chavo del 8 vs Elpidio Valdés
Sitio Web Edgar London - 28 de noviembre de 2014

El Chavo del 8 y Elpidio Valdés
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“¿¡No conoce a El Chavo del 8!?” Imposible olvidar el coro que los alumnos me dedicaron durante una de mis primeras clases en México. La interrogante, que mucho tenía de sorpresa y mal disimulado escarnio, se debía a mi completa ignorancia sobre este personaje. Yo, intento defenderme ahora, apenas arriesgaba mis primeros pasos como docente en tierra azteca y, definitivamente, otras preocupaciones hacían escala en mi cabeza.

En poco tiempo comprendí la causa de aquel desconcierto (justificado, además). Podemos o no ser admiradores de este singular huérfano de la vecindad, pero resulta innegable que El Chavo del 8 ha acompañado a varias generaciones de niños por toda Latinoamérica… o casi toda, porque en Cuba, durante mi infancia, era un absoluto desconocido.

Por razones que, sospecho, se camuflan entre matices económicos para no evidenciar su tufo político, las puertas de Cuba no se abrieron para El Chavo del 8 cuando más popular resultaba este personaje. Los niños que éramos entonces crecimos entre las pulgas de Guaso y Carburo, bajo los chillidos de Doña Chuncha y, por supuesto, aferrados a las aventuras de Elpidio Valdés, sin duda, el más popular de los dibujos animados made in Cuba, aunque entrañables me parecen todos.

Imposible medir hoy, desde la condicionada perspectiva de un adulto, el gusto que me hubiese podido ofrecer las peripecias de El Chavo del 8, tres décadas atrás. Esa experiencia, sin embargo, bien la aprovechan ahora mis hijos, en México, ¡y en Cuba!

Y es que, años después de aquel intempestivo reclamo estudiantil, cuando finalmente pisé de vuelta suelo natal, ¿cuál no sería mi sorpresa al encontrar que El Chavo del 8 ya se me había adelantado y estaba, con todo y barril, presente en la televisión cubana?

Es por ello que los cubanos, también, debemos sentirnos dolidos con la muerte de Roberto Gómez Bolaños. Su trabajo artístico alcanzó lo que no han rozado siquiera los políticos al sur del Río Bravo: marcar los elementos comunes que caracterizan al latinoamericano y hacernos sentir identificados. La vecindad puede ser un solar en Cuba, un barrio obrero en Venezuela o una favela en Brasil. Cualquier lugar donde abunde la amistad y escasee el dinero, el amor se tome como responsabilidad diaria y los problemas no pasen de ser una excusa para inventar un nuevo chiste.

Tan solo por eso ya vale la pena despedir a Roberto Gómez Bolaños. Decirle adiós con respeto y admiración.

Y sobre aquellos estudiantes que reprocharon mi ignorancia, todavía no pierdo la fe de cobrarles justo desagravio cuando Elpidio Valdés, a la cabeza de su tropa mambisa, desembarque en playas mexicanas.


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