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¿Cuánto vale un médico cubano?
10 minutos - 29 de agosto de 2013

Médicos cubanos
Chao, linda Cuba; olá, bela Brasil
¿Cuántos regresarán... contentos?

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Son 4 mil médicos cubanos los que viajarán a Brasil y aún mayor resulta su salario “oficial”: 4 mil 200 dólares mensuales. ¿Alguien se imagina qué significa amasar esa cifra en la mayor de las Antillas, donde el ingreso promedio de los trabajadores no alcanza siquiera los 20 dólares a fin de mes?

Para cualquier foráneo el suceso significa una oportunidad única (y posiblemente para cualquier nacional, también, aunque por motivos diferentes) que ha de aprovecharse en aras de aumentar las arcas patrimoniales. Sin embargo, la primera pregunta que nos hacemos los nacidos en el viejo caimán pone en entredicho la esperanza del extranjero: ¿cuánto realmente se llevarán al bolsillo esos galenos?

A diferencia de lo que sucedería en otras naciones, Cuba, durante las negociaciones con Brasil, no incluyen en el rol protagónico a los profesionales de la salud, entiéndase, el personal que viajará y ejercerá sus funciones en los lugares más intrincados del gigante sudamericano. El gobierno de La Habana se guarda esa potestad, establece los términos convenientes y luego le pasa los resultados a sus nacionales. Antiguamente, ni siquiera se llegaban a conocer los reglamentos originales del convenio. Ahora, gracias en buena medida al chismógrafo internacional en que se ha convertido Internet, ya esos elementos resultan imposibles de ocultar.

Por lo tanto, los médicos cubanos están conscientes de que su salario debiera ser 4 mil 200 dólares mensuales, pero Cuba no ha hecho público (ni lo hará) cuánto le hará llegar a sus profesionales.

En realidad, la estrategia no es nueva. Así ha sucedido desde el año 1959 con maestros, artistas y deportistas de alto rendimiento (por citar tres ejemplos harto conocidos) que cumplen un servicio más allá de esa maldita circunstancia del agua por todas partes. El problema es que ya ni siquiera pueden guardar el secreto.

Además, el papel que les toca interpretar a estos médicos no es nada agradable. El dilema no radica únicamente en desarrollar a cabalidad sus funciones en un ambiente semisalvaje, alejado de la civilización y bajo los dominios de una lengua extraña que, en ocasiones, ni siquiera será portugués sino un dialecto aborigen; también habrán de trabajar a sabiendas de que no son bien recibido por sus colegas brasileños, quienes ven esfumarse la presión que ejercían sobre el gobierno para mejorar la infraestructura en aquellas regiones inhóspitas al negarse a laborar en condiciones precarias (las mismas condiciones a las que los cubanos dijeron sí con tal de salir de Cuba y tentar la oportunidad de mejorar su estatus personal y familiar).

Y es que, cuando te encuentras en el fondo, todos los caminos apuntan hacia arriba. No importa si para ello has de abandonar a tu gente, aceptar los puestos que nadie más quiere y extender la mano, con la cabeza gacha, en espera de las monedas que el gobierno te dejará caer. Lo peor, quizás, no sea eso, sino que cada día se hace más real ese nuevo refrán criollo que reza: los médicos cubanos son muy buenos, el único problema es que ninguno está en Cuba.


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