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Periodismo VS Literatura
10 minutos - 27 de agosto de 2013

Periodista
Periodista y escritor
¿Una relación sana o nefasta?

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¿Son los periodistas mejores escritores? O, por el contrario, ¿deberían los escritores alejarse de las manías periodísticas? La respuesta, usted lo imaginará, no es cuestión de un simple “sí o no”. Sin embargo, no por falta de absolutismos debiéramos renunciar a un análisis de esta, a veces ineludible, relación.

En cierta entrevista a William Faulkner, el norteamericano afirmaba no saber en qué consistía la inspiración (o las musas, podríamos decir). Para él todo se reducía a disciplina y trabajo. En ese sentido, la práctica periodística bien puede ayudar a un creador al afincamiento de determinado estilo práctico que termine por convertirse en hábito. El “archienemigo” de Faulkner, otro estadounidense, también Premio Nobel y, para mejores referencias, periodista cabal, el señor Ernest Hemingway, logró gracias a su experiencia en los diarios, sintetizar su discurso, siempre áspero y conciso para elevar la punta de su famoso iceberg literario. A él le fue bien, aunque no en pocas ocasiones la contaminación sucedía en sentido contrario, cuando la libertad literaria se asomaba en sus artículos, especialmente en esas pequeñas joyas que reflejan su aproximación a la tauromaquia.

No suele ser difícil adivinar en el tono, el ritmo, la exactitud narrativa o la simbiosis de estos elementos, la presencia implícita del discurso periodístico en una novela. Sin embargo, igual de interesante puede resultar descubrir las ínfulas noticiosas o informativas en la historia. Balzac, a quien la mayoría de los críticos modernos coinciden en tildar de pésimo escritor (tendría que leerlo en su idioma natal para apoyar o refutar esta apreciación), aseguró un merecido puesto en las páginas de la literatura universal por servir de catalejo en el tiempo cada vez que en sus novelas (re)conocemos las características de la sociedad francesa de su época y las simientes de la idiosincrasia burguesa, entonces emergente, y que hoy pulula por doquier.

O sea, que el arcoíris periodístico puede aflorar no sólo en la verborrea cortante sino en la trama política, social o económica de un cuento, por citar un ejemplo. Algo que, quizás, pudiera haber espantado a Julio Cortázar, hombre convencido de que las musas juegan un papel fundamental en la creación literaria y que podía sentarse a esperar con tranquilidad a que la historia lo seleccionara para, a posteriori, asumir su rol de conductor de la misma.

El éxito de una obra literaria, entonces, no está sujeto al compromiso (menos al divorcio) que su autor mantenga con el periodismo. Conste únicamente la habilidad del artista para determinar cuando y donde ambos universos han de asirse o desprenderse. Los ejemplos pululan, aunque no siempre correctos.


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