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Una apuesta por la cultura, entre sorbos de café
Otrolunes.com - 10 de septiembre de 2012

Pedro Moreno
Pedro, sin medias palabras
"Yo no quemaría un libro de nada"

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Entrevista a Pedro Moreno, ex director del Instituto Municipal de Saltillo (México)

Parapetado tras sus eternos lentes, Pedro Moreno sorbe a ratos algo de café y espera paciente el inicio de la charla (prefiere llamarla así, en lugar de entrevista). Pocos, como él, han tenido la posibilidad de interactuar con la cultura desde una perspectiva creadora, a la par que institucional.

Dos veces director del Instituto Municipal de Cultura de Saltillo (México), difícilmente alguien en esta ciudad pueda emular con él cuando se trata de conocer a sus creadores y el modus operandi de las administraciones en relación con la promoción de las artes. Él pondrá en duda esta aseveración, quizás por modestia, quizás por sencillez... de cualquier forma, para quienes lo conocemos, se trata de una verdad incuestionable.

Mientras preparo las cámaras aún no lo ha dicho, sin embargo, en pocos minutos afirmará que uno de los grandes problemas de México para incrementar el hábito de la lectura es la no existencia de una ley que fortalezca al libro ni incentivos para los editores. Arremeterá en contra de las becas institucionales que (esta será su frase) “fueron necesarias por un tiempo, pero a la largan acallan” y tampoco le temblará la voz para destacar la necesidad de deslindar la corrupción de los procesos administrativos, especialmente aquellos que buscan incentivar la cultura.

Su visión sobre la futura literatura mexicana será alentadora, aunque sin reverenciar la profesión del escritor como se hacía antes. Menos altares, señalará, y más diversidad creadora en el corazón de las nuevas generaciones.

Esas ideas, no obstante, ahora hibernan en la cabeza de Pedro Moreno y, tal vez, ni siquiera es consciente de las mismas al momento que reacomoda sus lentes en un gesto que refuerza su estampa intelectual. Para convertirlas en palabras habrá de esperar todavía unos segundos más, hasta que yo termine todos los preparativos técnicos, tome asiento y presione, por fin, la tecla PLAY de mi grabadora.

Pedro, cuando cito a México y su literatura tengo sentimientos encontrados. Por un lado pienso en los grandes escritores que ha dado este país, Sor Juana Inés de la Cruz, Ignacio Manuel Altamirano, José Vasconcelos, Juan Rulfo, Octavio Paz... pero, al mismo tiempo, diversas fuentes aseguran que, en la actualidad, el mexicano promedio lee apenas un par de libros al año. ¿Cómo explicas este fenómeno?

Primero, se debe a las malas políticas públicas que tratan de favorecer al libro y la lectura. Nosotros tenemos administraciones sexenales que, tras ese período de tiempo, se interrumpen y el que viene vuelve a empezar de cero. Ahí está una tradición un tanto cuanto maldita, donde el recién llegado reinventa todo y formula nuevos procesos y eslóganes. Se trata pues de una política trunca, que nunca se encuentra y no se eslabona con lo siguiente.

El libro y la lectura no pueden avanzar así, no pueden fortalecerse. Por otro lado tenemos también, al menos durante la década de los cuarenta y cincuenta, una especie de aristocratización de la cultura donde se le considera “alta”, y a la cual sólo accede y sabe de ella quienes tienen cierto status social mientras el pueblo es inculto. Son dos elementos que, al sumarse, generan una política muy pobre a favor de la lectura. No hay una ley que fortalezca al libro, no hay incentivos para los editores. Cada quien se defiende como puede.

Sin embargo, existe una contradicción muy curiosa. Recientemente el virtual ganador de las elecciones presidenciales en México, Enrique Peña Nieto, confundió al autor de “La silla del águila”, pero tengo sobrados estudiantes capaces de enumerar por orden los títulos de la saga de Harry Potter o Crepúsculo. ¿Acaso la literatura comercial se impone y la llamada literatura culta, o aristocrática, como le nombrabas, está en decadencia?

Creo que se lee de todo y se hace cada vez más, afortunadamente. En cuanto a la literatura comercial, no estaría tan en contra. Yo no quemaría un libro de nada. Considero que cierta literatura comercial nos trae más beneficios que otra cosa porque, al menos, leerse un libro de semejante catadura pues no suelen ser volúmenes cortos, sino de más de doscientas o trescientas páginas, ya implica cierta disciplina.

Eso abona a favor de la alta literatura o como se llame. En todo caso, habría que quitarle la aureola a la literatura de a de veras, y demostrar que puede ser igual de divertida y absorbente que la comercial.

En términos de creador, si menciono a Alí Chumacero, Carlos Monsivaís, o más recientemente, Carlos Fuentes, notamos que se están yendo nombres bastante pesados dentro de la literatura mexicana. ¿Crees tú que las generaciones actuales pueden competir con esos autores?

Se están yendo también íconos y, sobre todo, escritores que no son posibles de imitar. Es decir, Carlos Fuentes era un dandy, un tipo que se ligaba a las actrices gringas, y fue, a la vez, un funcionario cultural en las embajadas en el extranjero que hablaba cinco o seis idiomas.

Ese tipo de escritor ya se acabó. Mucha gente estaba en contra de tal arquetipo que afortunadamente estamos rebasando. Ahora no hay tantos altares pero sí hay muchas capillitas, que yo considero más sano porque nos hablan de segmentos de la realidad cada vez más diversos. En ese sentido resulta enriquecedor.

En el ámbito político la juventud mexicana está presente. El movimiento #YoSoy132 dejó en claro el interés de las nuevas generaciones por componer los dislates del gobierno. ¿Consideras que existe la misma fuerza en el ámbito cultural?

Temo que no. #YoSoy132 vino a revitalizar la cuestión social y política, que nunca se debió haber perdido. El espectro cultural está sosegado por circunstancias que pudieran ser, entre ellas, las becas institucionales.

Estas fueron necesarias por un tiempo, pero a la largan acallan, hacen que la gente se autosilencie en torno a asuntos que debemos señalar y discutir. Las becas tuvieron su función en un momento dado. Hoy, sin embargo, causan más daños que beneficios.

Justamente en esa línea, ¿cómo deberían comportarse las instituciones?

Deberían impulsar proyectos que incidan en la comunidad y la enriquezcan. Habría que estudiar punto por punto, pero creo que la cuestión individual debe zanjarse y abrirse hacia los grupos sociales que son tan necesarios.

Por ejemplo, en esta ciudad, tenemos a un cronista oficial, pero es alguien que siempre te habla de siglos pasados. No he visto una crónica suya que referencie el presente. Eso no existe en Saltillo y lo mismo sucede en el resto del país.

Representa una de las cuestiones que tenemos pendientes. El género crónica debería estar muy vivo como en otras partes de Latinoamérica porque te ayuda a descubrir lo que no presencias quizás en las márgenes de la ciudad o en el seno de los grupos marginales.

Hay muchas cosas de las cuales no te percatas porque el cronista está demasiado ocupado en el siglo XVII, XIX preferentemente, o en el XX cuando mucho, pero lo que sucede ahorita casi nadie lo conoce y la crónica es un vehículo que valoro mucho y resulta esencial.

Reza el dicho: identidad es cultura, cultura es identidad. Sin embargo, a México le resulta imposible evitar los influjos de la globalización que (personalmente lo he afirmado) en lugar de globalización deberíamos llamarle norteamericanización porque no se reparten de manera equitativa las influencias culturales y terminamos absorbiendo aquellas que más se difunden. Dada la cercanía de México con Estados Unidos, ¿cómo puede defender su propia identidad?

Apostándole muchísimo a la cultura, no a la ignorancia sino a la educación. La cultura tienes que sostenerla, clarificarla y ser transparente sobre cuántos recursos le estás destinando. Estos tienen que ser importantes, definitivamente. La cuestión global existe, pero más que unir, yo creo que separa. La misma modernidad levanta barreras.

En Saltillo se construyeron no sé cuántos puentes y con esto se cuadriculó de otro modo a la ciudad, separando los barrios y haciéndolos inaccesibles. Son puentes para los coches, pero no para los seres humanos. A nosotros nos dividió. La cultura sirve mucho para salvar esta circunstancia.

Si alguien escribe una crónica sobre uno u otro lado y nos traen las nuevas para acá, para entendernos, esta diferenciación y esta separación van a dejar de existir. O sea, nos vamos a conocer que, finalmente, es uno de los propósitos del ser humano.

Ya que mencionas los recursos, sabemos que nunca son suficientes. A veces hay un poco de corrupción, a veces un poco de acomodamiento por parte de los creadores, a veces un poco de abandono. ¿Hasta qué punto los recursos deben estar en disposición de los artistas y hasta qué punto los artistas deben autogestionar sus propios recursos?

En cuestión de “cuánto” hay una recomendación de la UNESCO que debe ser el dos por ciento del gasto público y en cuestión de “quién” debe manejarlos, yo considero que una institución, pero debe tener consejos integrados por artistas para lograr establecer una visión completa de qué se van a hacer con tales recursos.

¿Y México, qué necesita para fortalecer su cultura?

Yo insisto en los recursos porque nosotros mismos, los promotores, decimos que apoyo institucional que no aporta recursos, no es apoyo.

Ante todo, está eso. Es la apuesta que debemos hacer. Y luego, un fenómeno importante, que lo necesitamos aquí: deslindar la corrupción de este tipo de procesos. En realidad de cualquier proceso, pero en la cultura deviene pecado mayor porque se supone que la cultura te enseña a tener finas maneras, a ser honesto, te encuentras día a día en contacto con lo más esencial del ser humano y es bastante grotesco que exista la corrupción en este tipo de administración.

Resulta imprescindible cuidar mucho los recursos que son del pueblo para que se conserven y se empleen de una manera sana y fortalecer los proyectos independientes. Recuerdo grandes proyectos que de repente se quedan en el camino y se hacen obsoletos. Los tuvimos de sobra con el caso de Fox y los tenemos ahora, en este sexenio que está a punto de concluir, con la Estela de Luz, por ejemplo. Son iniciativas que deben consensuarse para poder realizarlas y fincar mucho la confianza en los proyectos independientes.

Por último, si empezamos con libros, terminemos con libros. ¿Cómo concibes la literatura mexicana de aquí a cincuenta años?

Muy fuerte. Tú mencionabas al principio de la charla que tenemos una tradición de grandes escritores, verdaderamente monumentales para la literatura universal y basados en eso podemos esperar mucho porque las nuevas generaciones, cuando no sepan qué hacer, podrán mirar hacia las bases y encontrar allí fortalecimiento y algo que aprender.


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