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Julian Assange, ¿víctima o villano?
10 minutos - 30 de agosto de 2012

Julian Assange
Una personalidad incógnita
¿Quién es realmente Julian Assange?

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Para Cuba, Venezuela y Ecuador, la respuesta es evidente: Assange representa un héroe de la libertad de expresión que puso a disposición del dominio público secretos de los Estados Unidos y otras potencias extranjeras que tienen cualquier cosa, menos las manos limpias.

Curioso que estas naciones defiendan con tamaño esfuerzo al australiano, cuando ellas mismas encabezan la lista (al menos en Latinoamérica) de los violadores de la libertad de expresión y han encarcelado a periodistas, cerrado emisoras de radio y televisión, censurado periódicos y silenciado por la fuerza toda manifestación pacífica que se oponga a sus gobiernos.

Lo cierto es que la imagen de Julian Assange ya no resplandece como antes. Las manchas del sol empiezan a surgir y se extienden sobre la aureola de su nombre amenazando con reducirlo a la metafórica condición de un satélite anónimo que gira y gira en torno a quienes sean capaces de sacarlo del atolladero en que se encuentra.

Ya Mario Vargas Llosa puso el dedo en la llaga al asegurar en un artículo reciente que “en las actuales circunstancias no hay razón alguna para considerar a Julian Assange un cruzado de la libertad de expresión, sino más bien un vivillo oportunista que, gracias a su buen olfato, sentido de la oportunidad y habilidades informáticas montó una operación escandalosa que le dio fama internacional y la falsa sensación de que era todopoderoso, invulnerable y podía permitirse todos los excesos”.

Cada día más hay personas en el mundo que coinciden con la opinión del Premio Nobel de Literatura y esta división de criterios no ayuda en lo absoluto al padre intelectual de WikiLeaks, quien se mantiene a la expectativa de qué decisión tomará Gran Bretaña, o lo envía a Ecuador, donde palpita su presunta salvación, o cumple con la solicitud de extradición enviada por Suecia para responder por presuntos delitos sexuales y que, además, deriva en el riesgo de que posteriormente sea enviado a Estados Unidos.

En Londres, el asunto amenaza incluso con opacar el éxito de los recientes Juegos Olímpicos y, al momento de escribir esta columna, las últimas noticias obtenidas desde esta ciudad dan fe de que el ministro del Reino Unido, William Hague, se reunió la mañana del miércoles con el vicepresidente de Ecuador, Lenín Moreno, y ambos confirmaron el compromiso de sus respectivas naciones en cuanto a “dialogar para conseguir una solución diplomática al asunto".

Mientras tanto, gobiernos desde las más disímiles latitudes quieren ver terminado este conflicto, a sabiendas de que Assange puede tener aún cualquier carta escondida y, de pronto, encontrar sus maledicencias económicas o políticas al desnudo en la red de redes. Otros países, por el contrario, pugnan por su traslado a Ecuador, lugar en que, es posible, el Australiano, a cambio de la salvación, comparta algún que otro secretito enjundioso.

La novela de WikiLeaks no termina. Apenas alcanza su clímax. Esperemos con paciencia a ver cuál es su final y, lo más importante, descubrir qué clase de víctima o villano es Julian Assange.


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