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Londres, el dedo en la llaga
10 minutos - 14 de agosto de 2012

Héroes olímpicos
Héroes olímpicos
Medalla de oro al espíritu

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Si alguien tuvo dudas sobre la presencia del arte en la más reciente cita olímpica, imagino que tras la ceremonia de clausura ya debe haberlas satisfecho. Derroche de elegancia, buen gusto, tradiciones, elementos icónicos, colores, música y no menos pretensiones se evidenciaron en el London Olympic Stadium, gracias a un excelente espectáculo que debió complacer hasta a los más acérrimos críticos del Reino Unido.

El único mal sabor de boca es que, con la despedida de la justa deportiva, reaparecen los desencantos de la vida diaria. De poco valdrán las medallas obtenidas por Estados Unidos para los familiares de las doce víctimas que sumó James Holmes en la ciudad de Aurora, Colorado. La delegación de Irán tampoco recibirá muchos aplausos a su regreso. Por el contrario, se encontrará un escenario de luto a causa de los terremotos que devastaron, apenas el 11 de agosto, parte de la provincia de Azerbaiyán Oriental. ¿Y qué decir de China, duro contrincante por la supremacía del medallero, y ahora mismo foco de atención a nivel mundial tras el asesinato, nada más y nada menos, que de un empresario británico, por parte de la esposa de un alto dirigente del Partido Comunista?

Sí, esas tragedias sucedieron mientras se prodigaban aplausos y alaridos en la capital de Gran Bretaña y nadie los pudo evitar. Lo peor, no obstante, está por venir, pues ciertos patrocinadores de los juegos olímpicos, como la petrolera BP, responsable del derrame de petróleo en el Golfo de México, en 2010, y la química estadounidense Dow, causante de la fuga de 42 toneladas de isocianato de metilo en Bhopal, India, durante 1984, donde fallecieron alrededor de 30 mil personas, verán renovadas sus arcas para enriquecer a sus propietarios y financiar sus polémicos proyectos.

Otros países echarán a un lado los principios establecidos por el rey Iphitus de Elida (quien en 884 a.c., declaró por primera vez el armisticio durante las olimpiadas para que prevaleciera la esencia de los juegos) y politizarán al máximo tanto los logros como los descalabros de sus representantes. Para estos gobiernos, la óptica siempre será más belicista que deportiva. Incluso en el propio corazón de Londres, su excéntrico alcalde, Boris Johnson, aprovechará el éxito obtenido con el fin de catapultarse hasta el puesto de Primer Ministro.

Nada de esto saldrá en las memorias de las recién concluidas Olimpiadas... ¿y sabe?, tal vez sea mejor que así suceda, porque, en lo personal, prefiero recordar los ejemplos de heroísmo y libertades conquistadas que superan ampliamente el valor de las medallas. Ahí están el sudafricano Oscar Pistorius, amputado de ambas piernas, pero con doble valor y coraje; las sauditas Sarah Attar y Wodjan Shaherkani, primeras mujeres en competir por su país, echando a un lado críticas y tabúes; así también otros cientos de deportistas para quienes las marcas de sus competidores significaban el menor obstáculo a superar.

Sea Beijing, Londres o Rio de Janeiro, en cada olimpiada se rompen récords deportivos, pero también se derriban trabas económicas, políticas, religiosas, sociales y humanas. Nunca faltarán quienes antepongan la nobleza a la destreza y prefieran lucir la bondad de sus espíritus por encima del color de las medallas. Esos son, y serán, los mejores atletas.


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