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Seis detenciones para un solo mensaje
10 minutos - 2 de agosto de 2012

Tomás Ángeles Dauahare
Dauahare, de general a reo
Uno de los más grandes detenidos

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A Peña Nieto se la han puesto difícil. No hay medio de comunicación en México que no haya hecho eco de las detenciones conseguidas por la Procuraduría General de la República. Los nombres (¡y cargos!) del general de división Diplomado del Estado Mayor retirado, Tomás Ángeles Dauahare; del general de división retirado, Ricardo Escorcia Vargas; del general de Brigada, Rubén Pérez Ramírez; del general Brigadier, Roberto Dawe González; del teniente coronel retirado, Silvio Isidro de Jesús Hernández Soto y del mayor Iván Reyna Muñoz, se resaltan en las páginas de los periódicos, a través de las emisoras de radio, por la señal de televisión y en el mundo virtual que concibe Internet, pero, sobre todo, saltan de boca en boca entre los ciudadanos de todo el país.

Lo de menos es quién cayó, sino qué representa su encarcelamiento. En plena transición de mando a escala nacional y con un cambio de partido en ciernes para dirigir al país, el mensaje de Felipe Calderón no puede ser más claro: ¡Enrique Peña Nieto, así se hacen las cosas!

Y, de camino, demuestra que para mover los bártulos a Los Pinos no se puede tener mano blanda. Tan bien queda la decisión de llevar a cabo el arresto pocos meses antes del traspaso de poder presidencial que cualquiera (sí, también el autor de esta columna) pudiera pensar que las condiciones ya estaban listas desde mucho antes, pero se esperó a conciencia este justo momento para darle un toque de teatralidad al “adiós” del actual mandatario mexicano.

La decisión de enfrentar directamente las irregularidades del Ejército (pasando por encima de sus encubiertos privilegios) trae a colación las reformas de Benito Juárez (salvando las distancias históricas, claro está, pues la rectitud del Benemérito de las Américas está más que probada por la Historia, algo que dudo, suceda con Calderón) y, para decirlo con sabor olímpico, pone muy alta la marca a superar para el salto de Peña Nieto hacia el máximo cargo de la nación.

Habrá que seguir de cerca qué sucede con los militares arrestados. No se puede cantar victoria con estas aprehensiones, especialmente si los ribetes políticos en la maniobra emergen sin mayores maquillajes. No es de extrañar la posibilidad de futuras excarcelaciones (que jamás gozarán de la cobertura que hoy tienen las detenciones) o la demostración de presuntas irregularidades que den al traste con el proceso judicial.

Lo que sí resulta evidente es que el crimen organizado ha penetrado en todos los niveles y en cuanta dependencia exista, da igual si es gubernamental, eclesiástica o militar. La guerra sigue y, al parecer, el final no está cerca.

PD: Para el recuento, fiel a lo que ya comienza a convertirse en costumbre, Enrique Peña Nieto incurre en otro error. Ahora invirtió los apellidos de las clavadistas mexicanas, felicitando así a “Paola Orozco y Alejandra Espinosa”.


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