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Víctimas de la tecnodependencia
10 minutos - 26 de junio de 2012

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Tecnodependencia en acción
¿Más desarrollo, menos cerebro?

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¿Qué fue primero, web o Facebook? Con esa pregunta me sorprende una tarde cierto estudiante universitario de una institución privada cuyo nombre, por respeto elemental, omitiré. Sin ánimo de utilizar este espacio para promover una conferencia de índole tecnológica, pero con el afán de que el lector común comprenda las dimensiones colosales de aquel sinsentido (encubierto a manera de pregunta) les ofrezco una analogía. Imagínese que alguien le hubiese cuestionado ¿qué fue primero, la electricidad o la televisión?

El pasaje lo saco a colación para ejemplificar la extraña relación que se establece, hoy en día, entre los portentos de la tecnología y sus usuarios. Por un lado, la percepción común apunta a que estamos cada vez más capacitados para enfrentar los retos de la modernidad y satisfacer las necesidades que, antaño, parecían elucubraciones de un escritor de ciencia ficción. Es una realidad más que una alegoría. Los equipos y técnicas de uso están muy por encima de los estándares habituales de hace apenas un siglo atrás. Sin duda, los pioneros de la ilustración estarían fascinados con el desarrollo actual y, es de presumir, otra vez ubicarían al hombre bastante encima de Dios.

Sin embargo, por otro lado, es evidente que los destinatarios de estos adelantos tecnológicos no cuentan con un nivel cognitivo acorde a las potencialidades que pretenden manejar. Es el equivalente al uso que le damos a un microondas. Se supone que sirve para muchas cosas, pero la mayoría lo empleamos sólo para recalentar la comida.

Lo curioso es la proliferación de jóvenes que, según sus propias palabras, “no pueden vivir sin Internet”. Irónico que su falta de estudios les haga profesar tamaño error pues ni siquiera la sentencia abarca su verdadero sentido. Desconocen que Internet existe de manera pública desde los años setenta y la inmensa mayoría de los jóvenes de entonces ni siquiera la conocían (y de quienes la conocieron poco se interesaron). En todo caso fue el servicio World Wide Web quien impulsó su moda a partir de los noventa, pero dominar tal información sería demasiado para la recocida materia gris de algunos.

Como ocurre con cualquier dependencia, la tecnológica nos mantiene sumisos y nos deja en absoluta disposición de entrega ante cada “juguete nuevo”, al tiempo que bloquea nuestro raciocinio. Para muchos Internet siempre estuvo ahí, así web o Facebook. Tanto lo creen que no falta quien lo toma, subconscientemente, como algo natural. Los árboles y los bits, el cielo y la red.

Y si alguien desea saber qué le contesté a aquel estudiante ignoto... pues acudí a la teoría del absurdo, donde la conjunción de sinsentidos debe despertar la capacidad de análisis. O sea, que una pregunta tonta merece una respuesta peor para ver si el cerebro se despierta. “Facebook, sin duda”, le dije, y, cosa extraña, aunque el resto del salón explotó en carcajadas, el estudiante pareció muy complacido.


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