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El psicoanálisis en la literatura
10 minutos - 3 de enero de 2012

James Joyce
James Joyce
Maestro de la corriente de pensamiento

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“La musa es una dama suficientemente frágil como para necesitar un tratamiento más delicado que ese escribir sin pensar”. Así describía Ricargo Pligia las razones por las cuales el surrealismo no era, precisamente, el mejor exponente del psicoanálisis en la literatura. Un planteamiento que contraría las versiones de otros autores que suelen imaginarse al creador como una suerte de tipo siempre medio “ido” del mundo y constantemente mimado por una bella deidad.

Si bien Julio Cortázar aseguraba que él no era más que un medio para escribir un cuento pues la historia ya se armaba por sí sola completamente en su cabeza, para luego pasar al papel en blanco a través de sus manos, Hemingway en cambio exageró tanto su compromiso con la disciplina del trabajo que contaba a diario las palabras que escribía y, si acaso en alguna fecha pensaba irse de pesca, el día antes duplicaba su faena para no pecar de insensato.

Sin embargo, aunque de estilos completamente distintos (que no opuestos), a ninguno de los dos se le puede considerar con exactitud un fiel representante del psicoanálisis en la literatura. En mejor medida señalamos a Franz Kafka, Fedor Dostoyevski o James Joyce. Todos ellos supieron encontrar y desarrollar un excelente caldo de cultivo en los avatares de la psiquis de sus personajes, por encima de las acciones físicas tan socorridas por muchos de sus colegas.

“El proceso” de Fafka, es una simbología, no sólo de la sociedad burguesa de su época (curiosamente muy similar a la nuestra) sino un trazado del laberinto que representan nuestras ideas subjetivos, toma de decisiones y percepción de la realidad. Con “Crimen y castigo”, fue Dostoyevski quien logró relegar a un segundo plano la existencia material de un asesinato para dar rienda suelta a las penalidades del culpable por saberse tal, mortificado no por las leyes humanas, sino por su sentido de la responsabilidad.

En el caso de Joyce, la explicación puede resultar superflua, nadie como él, expuso con tanta maestría la corriente de pensamiento, Me refiero, por supuesto, al “Ulises”, y en específico a su excelente manera de ser narrado.

Tan claras son las marcas del psicoanálisis en la obra de este singular escritor que cuando le preguntaban por su relación con Freud, solía contestar así: “Joyce en alemán, es Freud”.

Y es que el psicoanálisis genera mucha resistencia pero también mucha atracción. Ni siquiera escapa al mundo comercial, sino de qué forma justificar la novela “El psicoanalista” de John Katzenbach, donde parte de la resolución de la trama busca ser justificada por esta disciplina. En realidad, no hay texto literario que se deslinde completamente del psicoanálisis. Se encuentra presente en obras para niños, románticas, de aventuras, ciencia ficción y cualquier otro tipo que se mencione. ¿La razón? Verdaderamente es sencilla. Los humanos, además de acción, somos pensamiento. Cualquier apunte sobre nuestra naturaleza ha de incluir, por fuerza, ese universo interior.


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