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Los tiempos de Zaratustra
10 minutos - 27 de diciembre de 2011

Friedrich Nietzsche
Friedrich Nietzsche
Querido por muchos, odiado por más

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Admirado por muchos, aborrecido por más, Friedrich Nietzsche ha logrado su lugar en la Historia, en buena medida, gracias a uno de los libros más polémicos de la literatura universal: Así hablaba Zaratustra. En él se manejan tres teorías que marcaron un hito filosófico dentro de la sociedad reciente y que, también por mala fortuna, fue malinterpretado o, debo decir, convenientemente malinterpretado por líderes que tergiversaron su sentido para demostrar la existencia de una raza superior.

La primera de las teorías esgrimidas por Zaratustra es la muerte de Dios. A partir de este axioma se desglosan las otras dos subsiguientes y da por sentada la necesidad de buscar la felicidad en el reino de este mundo sin recurrir a la esperanza de una oportunidad fuera de la tierra que hoy pisamos. Mucho menos aceptar que vivimos a la sombra de una deidad capaz de valorar nuestros actos y auxiliarnos o castigarnos en dependencia de los mismos.

Para ello, Zaratustra asume al hombre actual, como un puente que se extiende hacia otro tipo de ser humano, el llamado “superhombre”. Aunque de este término tan manipulado es válido hacer una aclaración. En alemán (lengua natal de Nietzsche) el vocablo “übermensch” que usualmente es traducido como “superhombre”, no tiene esa connotación radical de superioridad, se utiliza en mejor medida para aclarar una ubicación, un objeto que está “encima” de otro. Por eso, si bien Zaratustra alude a un hombre cualitativamente mejorado, no espera exactamente a un “superman”.

Por último está la constancia del eterno retorno. Perfecta moraleja que resume su filosofía. Nada tiene punto final. De cierta manera eso lo acerca al concepto materialista de la energía, algo que ni se crea ni se destruye, sino que sólo se transforma. La conversión del hombre, entonces, es infinita y cada quien debe entenderse cual ocaso. Luz que cede para darle paso a un amanecer mejor.

Nadie debe pensar, sin embargo, que Así hablaba Zaratustra resulta un somnoliento tratado filosófico y moralista. Por el contrario, no falta la fábula ni la poesía en sus páginas. Mucho menos las frases que a veces quisiéramos compartir con otros. No obstante, lo más escabroso de este libro es que las enseñanzas de Zaratustra parecen dictadas para hoy y no para antaño. ¿Será que estamos a las puertas de un nuevo retorno? Si acaso no lo cree, acá les regalo una frase que políticamente viene como anillo al dedo:

“No hay calamidad mayor en todo el destino humano que el hecho de que los poderosos de la tierra no sean a la vez los hombres primeros y mejores”.


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