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Calderón y la utopía de las estadísticas
10 minutos - 15 de septiembre de 2011

Calderón y la pobreza
Al otro lado de las estadísticas
La pobreza no es sólo asunto de números

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La presunción puede terminar por hundir al presidente de México. Poco más de un mes atrás, el 29 de julio, Felipe Calderón afirmó que sus reformas frenaron la pobreza en el país. En aquella ocasión el comentario nació a propósito de la publicación de un documento del Consejo Nacional de la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Ahora, al presentar el Informe de Avances de Los Objetivos de Desarrollo del Milenio, el mandatario retomó idéntico discurso y aseguró que “la pobreza extrema como tal, por lo menos en términos porcentuales, no sólo no aumentó, sino logró contenerse e, incluso, reducirse marginalmente en medio de la propia crisis económica internacional, de la recesión y de la crisis de precios de alimentos”.

Sin embargo, la percepción ciudadana no coincide con la verborrea del presidente. El aumento del combustible (que ocurre los fatídicos segundos sábados de cada mes) ya suma su noveno salto y así el precio por litro de la gasolina magna es de 9.48 pesos; el de la premium de 10.46; y el del diesel marca los 9.84 pesos. Del mismo modo, los alimentos más necesarios han aumentado su valor en el mercado. El dirigente nacional del PRI, Humberto Moreira, lo denunció recientemente al recalcar que en lo que va de la administración de Calderón, los precios de los productos de la canasta básica se han incrementado en un 45 por ciento, mientras que el salario mínimo sólo ha crecido en un 2.6 por ciento.

Si eso percibe (y se cuestiona) la población media, ¿qué esperar de los millones de mexicanos que se encuentran por debajo de la línea de pobreza extrema? Desafortunadamente los programas de apoyo social no generan empleos ni verdaderas posibilidades de desarrollo, la mayoría pueden ser comparados con un vergonzante sistema subsidiario que quizás frena el desamparo y sirve para exhibir estadísticas nacionales, pero al mismo tiempo multiplica holgazanes y cohíbe los deseos de progreso en los niveles más bajos de la sociedad.

Cuando el inquilino de Los Pinos sopese el sentido práctico de sus iniciativas y se aleje de porcientos y dictámenes que imponen otras organizaciones (como la ONU, citada en su discurso) podrá dilucidar el largo trecho que resta por recorrer para mitigar la pobreza media y extrema en la nación.

Por supuesto, asediado por más de cuarenta mil muertes, Calderón ha de echar mano con urgencia del primer recurso disponible. ¿Qué mejor que llenarle la cabeza a la gente con matemáticas rebuscadas e imposibles de probar para el ciudadano común? No, señor presidente, al obrero de una planta, a la ama de casa que cuida sus hijos, no le muestre los millones que más o menos ha invertido en este o aquel programa. Ayúdelo a contar los centavos de su alcancía y confróntelo con el precio de un kilo de tortillas. ¿Acaso no lo entiende? Son números bien sencillos, ¿cómo es posible que no le dé la cuenta?


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