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Once para la muerte y el arte
10 minutos - 13 de septiembre de 2011

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El 11 de septiembre es una fecha que la humanidad recordará por siempre. Y no hablo del futuro inmediato o del presente que nos toca. Hablo de que los libros de historia todavía recogerán, dentro de cien años, el día en que la nación más poderosa del mundo vio humillada su omnipresencia por un grupo de fanáticos islámicos que le propinaron un duro golpe ahí, en el centro mismo de su ciudad favorita.

Escrito de tal manera alguien podría errar el sentido de estas líneas e interpretar elogio donde, en realidad, surge el espanto. Porque la muerte de miles de personas echaron por tierra la intención de “advertir” a Estados Unidos sobre su vulnerabilidad y convirtieron lo que pudo haber sido una llamada de alerta (y una bofetada con guante blanco) para el engreído gobierno norteamericano en la excusa perfecta para que se multiplicaran las prácticas hegemónicas de este país alrededor del mundo.

A fin de cuentas, el ex presidente George W. Bush, consecuente con su talante despreocupado, acaba de anunciar que hará el lanzamiento de la primera bola para la postemporada de béisbol de Las Grandes Ligas, mientras los familiares de las víctimas del 11 de septiembre suman diez años de lágrimas y siguen sin entender el absurdo de aquella acción.

La captura y presunta muerte de Osama Bin Laden, autor de aquella masacre, no les devolvió a sus seres queridos. Si acaso mitigó cierto deseo de venganza que, como las malas bebidas, no acortan la sed de sus corazones. Sucede lo mismo en México con las personas que han perdido a padres, esposas o hijos por causa del crimen organizado. Con cada narco capturado, Calderón anuncia un “gol” a su favor (parafraseando el estilo deportivo que usó años atrás); pero con cada narco capturado, se recuerda también cada inocente asesinado en nuestras calles.

Eso sí, en honor a la verdad, La Casa Blanca no fue la única en utilizar el ataque a las Torres Gemelas (convertidas en símbolo de la tragedia) para acelerar sus planes de dominio por todo el orbe. Los artistas también hicieron lo suyo. Aunque hace una década se aclaró que nadie utilizaría esta desventura para lucrar con películas, documentales y otras manifestaciones creativas, la realidad ha sido bien distinta.

Si hay algo que vende son las malas noticias, y algunas casas productoras, transformaron los miles de muertos del 11/09 en millones de dólares para sus bolsillos. Una prueba fehaciente lo constituye la programación que el pasado fin de semana se transmitió por televisión abierta. Sobraban las propuestas y los estilos. El tema, no obstante, era sólo uno: el 11 de septiembre.

Puede usted aceptarlo, justificarlo o hasta practicarlo. No seré yo quien lo critique. Apenas deseo que, sea cual fuere su postura, recuerde que aquellos integrantes de Al Qaeda creían estar obrando bien. Por favor, no cometa el mismo error.


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