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Tetas vs cerebro
10 minutos - 2 de agosto de 2011

Crystal y Hefner (MAGIXL)
Pensando en Hefner
La rubia que quiso destruir al genio

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Yo apoyo a Hugh Hefner. Quiero dejarlo claro antes de desarrollar la presente columna. Y no porque el dueño de Playboy necesite auxilio de alguien, sino porque negarnos a ventilar a los cuatro vientos nuestra solidaridad (si acaso una palabra tan político-proletaria no roza el absurdo en este caso) con el octogenario, sería igual a levantar otra vez los muros que este singular magnate se dedicó a destruir poco a poco, a partir del año 1953, cuando apareció por primera vez la revista del conejito.

Que ahora justamente sea una conejita quien lo acusa de pésimo amante (sin importar que después se haya retractado y pedido disculpas públicamente pues ya sabemos cómo engranan los mecanismos de la farándula) es algo que, lejos de deteriorar la imagen de Hefner, la refuerza y recompone.

Se trata, ante todo, de otro episodio chistoso en la enorme serie dramática que significa la vida de Hugh. Cuando Crystal Harris afirmó que las relaciones sexuales con su entonces prometido duraban apenas dos segundos, muchos hombres nos preguntamos ¿cuántos podemos levantar la mano para decir que siempre que se nos antoje estaremos en la cama al menos dos segundos con una mujer así? Posiblemente Hefner sea el único apto... a pesar de sus ochenta y cinco años.

Uno y otro se quejan de la ruptura amorosa. Posiblemente lo único que ni a uno ni a otro realmente les preocupe. A Crystal le duele la enorme fortuna que dejará de amasar al no convertirse en la tercera cónyuge de Hefner o, mínimo, los privilegios que sin duda gozaría y las puertas que se le iban a abrir sin tener ella que abrir nada más. Hoy encarna ella la imagen desarrollada Marilyn Monroe en sus películas: la rubia tonta de buen cuerpo que todos los hombres desean. La diferencia es que Monroe no era nada tonta.

En cuanto a Hefner, ¿qué le puede preocupar? Viejo lobo de afilados colmillos debe estar relamiéndose la publicidad gratis. Con un hombre capaz de imponer su canon frente a una sociedad ultraconservadora como la estadounidense, especialmente en el ámbito sexual, ¿puede alguien pensar que le preocupa una conejita más o menos?

Basta leer las reseñas en los periódicos de esta boda cancelada y el escándalo posterior junto a las opiniones de los miles de internautas que se han tomado la molestia de escribir sobre el asunto. Todos apoyan a Hefner... y, curiosamente, no todos son hombres. Quitémonos la máscara por esta ocasión. La mujer se benefició al igual que el hombre de la brecha que Hugh abrió en la conciencia norteamericana y mundial. Él no nos enseñó para nada a ser eróticos ni explícitamente sexuales. Él nos mostró que no hay nada de malo con aceptar lo que somos y nos gusta. Por eso, repito, yo apoyo a Hugh Hefner. ¿Y usted?


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