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Feminicidio. Se encienden focos amarillos en Coahuila
Espacio 4 - 24 de marzo de 2009

Víctimas
Aumenta el número de víctimas
En Coahuila despierta preocupación

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Entre 2007 y el período enero-octubre del año pasado, el número de mujeres asesinadas en Coahuila pasó de trece a veinte, un incremento de cincuenta por ciento. A juicio de Silvia Canto Celis, directora del Centro Diocesano para los Derechos Humanos Fray Juan de Larios, este fenómeno responde a la inequidad de género que subsiste en el seno de la ciudadanía mexicana.

La lucha de las féminas por alcanzar mejores posiciones en la esfera pública y su necesidad de alejarse de los patrones culturales que la mantienen atada al ámbito doméstico, provoca malestar en una sociedad predominantemente machista.

Aún cuando las cifras de Coahuila no alcanzan los índices de Juárez, advierte que ya se han encendido los focos amarillos en el estado. Programas implementados por el gobierno federal, estatal, instituciones académicas como la UA de C o el propio centro diocesano intentan paliar su efecto negativo.

Sin embargo, no todos cooperan igual. Los medios de comunicación echan a un lado su responsabilidad informativa para obtener ganancias con cada mujer asesinada y la Iglesia, lejos de promover la igualdad de género, se mantiene aferrada a su condición sexista desde la propia estructura que la sostiene. La guía espiritual no está reservada sólo a los varones, aclara Celis.

La violencia es uno de los grandes males que afectan a México actualmente. Sin embargo, dentro de ella el caso de la violencia de género es uno de los más censurables. ¿Cómo se comporta este fenómeno a nivel nacional?

Creo que se ha disparado en la última década. Los motivos son varios. Primero, las mujeres hemos estado ocupando ciertos cargos y hemos ganado relevancia en distintos ámbitos de la vida, incluso a escala de política internacional como parte de los objetivos del milenio de la ONU que promueve la equidad de género.

Ello deriva en la ocupación de puestos públicos que México le debe también al programa Oportunidades del gobierno federal —antes programa de Solidaridad—. Este incluso promueve entre sus intereses la modificación del destino de los recursos que llegan a las familias más pobres del país para que no se le entreguen a los hombres sino a sus esposas.

Según percibió Rogelio Gómez Hermosillo, coordinador nacional de Oportunidades, al tener el dinero las mujeres se incrementó la violencia contra ellas. ¿Por qué? Por una elemental situación de poder. En ese sentido las mujeres desde las capas más pobres hasta aquellas que están casadas con alcaldes, gobernadores o el presidente, nos sentimos afectadas.

La transición hacia la equidad, al menos en México, es bastante violenta, sin tocar otros tipos de trastornos que se manifiestan en el país y que están relacionados con la lucha al narcotráfico, la impunidad, etcétera.

Y en Coahuila, ¿cuál es el escenario?

Yo solamente tengo información de 2007 y 2008, pero es terrible ver que ha aumentado el número de feminicidios. En el primero de estos años tuvimos trece casos reportados y a partir de datos de la Procuraduría de Justicia del Estado, de enero a octubre de 2008 ya sumaban veinte las víctimas femeninas. Lo preocupante es que aun cuando no tenemos las estadísticas correspondientes a diciembre, sabemos que en este mes suelen dispararse los crímenes.

Ahora, ¿qué sucede con estos casos? Desgraciadamente el cincuenta por ciento de los mismos no son sancionados porque no se conoce el paradero de los victimarios. Se está al corriente que los asesinos son las parejas, novios o parientes cercanos, pero no hay una sanción.

Mucho se comenta sobre las muertas de Juárez. Por este camino tendremos nuestras muertas de Coahuila.

Son fenómenos diferentes. En el norte del país hay una gran descomposición y ciertos perfiles de las jóvenes están a merced del poder económico y político. No creo que estemos para llamarnos las muertas de Coahuila, pero sí hay un foco amarillo en el sentido de que hemos visto a los periódicos reportar cuestiones macabras y en las últimas semanas notamos que hay un aumento de mujeres asesinadas. Incluso uno de estos diarios señalaba “el día de la mujer y matan a una mesera”. Entonces ¿cuál es el gran problema que tenemos no sólo en Coahuila sino en todo el país? Incapacidad de investigación.

Por los casos que ahora estamos manejando y que no puedo revelarte, nos percatamos de que las causas se deben a la situación de impunidad y de discriminación del varón hacia la mujer y más si tienen un puesto de poder, digamos un cargo de policía o en el ministerio público.

En Coahuila hay una falta de educación en torno a la búsqueda de equidad de los géneros que hace más riesgoso el destape de la violencia y que nos tiene con ese foco amarillo a escala local.

A propósito de los medios de comunicación ¿Cree que en su responsabilidad para señalar la violencia, al mismo tiempo la estén incentivando?

No la incentivan, pero lucran con ella, lo cual me parece mucho peor. Están utilizando una tragedia que puede incluso ser un problema de salud pública para obtener ganancias. En lugar de cumplir con su labor social y contribuir a la erradicación del problema lo transforman en un negocio rentable.

¿Está el gobierno del Estado al tanto? ¿Qué medidas adopta para combatir este mal? ¿Hay otras organizaciones que toman partido?

El gobierno creó el Instituto Estatal de las Mujeres, que apenas está iniciando, aunque no recuerdo quién lo dirige. Sin embargo, te puedo asegurar que hay un esfuerzo de la Universidad Autónoma de Coahuila con un par de académicas —Rosa Esther Beltrán y Alma Rosa Garza— que desarrolla un proyecto de perspectiva de género que intenta incidir en la cultura. Ellas se mueven por todo el estado para tratar de dialogar con los docentes y buscar que incorporen en sus aulas este tipo de trabajo. Creo que ese es un buen esfuerzo por parte de la máxima casa de estudios y se debe apoyar.

Nosotros, como Centro Diocesano para los Derechos Humanos, hemos privilegiado cuatro áreas para desarrollar y una es precisamente la perspectiva de género mediante un monitoreo de su situación en el estado.

Ahora se están creando las bases para fusionar en un futuro próximo el trabajo académico que implementa la UA de C con el nuestro alrededor de los derechos humanos de las mujeres. Y es que los avances del centro hasta el momento se concentran en el estudio de los feminicidios y en la impartición de talleres y pláticas en algunas parroquias. Me parece que es una excelente idea tender una campaña en conjunto.

Dentro de la sociedad mexicana se pueden encontrar alrededor de la figura de la mujer posiciones que se mueven desde un feminismo exacerbado hasta un machismo con ribetes históricos. ¿Cuál considera es, actualmente, el verdadero valor de la mujer a los ojos de la sociedad?

La situación sigue más apegada a la tradición. Realmente los grupos a lo largo del país que están adheridos, por ejemplo, a la Marcha Mundial de las Mujeres, o a organizaciones que se manifiestan desde la extrema feminista hasta las que recién despiertan del estereotipo que la historia les impuso, siguen siendo minoría. Incluso los varones que con políticas públicas apoyan esta tendencia positiva también son minoría.

O sea que, dentro del rango que mencionas, seguimos estando más cerca de lo tradicional. Se puede notar, por ejemplo, en las telenovelas. Ahí entran de nuevo los medios, que si apoyan o no la violencia es un gran debate entre los psicólogos de la comunicación, pero sí creo que pueden reforzar patrones culturales. Esas telenovelas —que ven la mayoría de las personas— abonan una posición tradicional y arcaica por encima de esa otra mujer con igualdad de derechos.

El 8 de marzo, a través del periódico L’Osservatore Romano, el Vaticano afirmó que la lavadora había ayudado más a la mujer que la píldora anticonceptiva en su proceso de liberación. ¿Qué consideraciones le trae el comentario?

Me parece muy desagradable. Va en contra de la dignidad de la mujer y si proviene de un personaje de la Iglesia Católica es incluso denigrante. La lavadora le ha ayudado a toda la gente, incluyendo a los hombres. En este caso el problema de fondo es la situación en torno al cuerpo de la mujer. ¿Quién posee ese cuerpo? Si ella misma, si es parte de la sociedad. Ahí existe un conflicto que no ha terminado de zanjar. El magisterio de la Iglesia debe dialogar más en torno a ello e incorporar a las mujeres cuando va a emitir tales declaraciones.

Es un caso de rezago histórico y un problema no sólo para la Iglesia Católica sino para el resto de las religiones que siguen atrás en este tipo de escenarios. Destaquemos que se erige sobre una estructura que sólo permite a los hombres ocupar ciertos puestos y hacerse cargo de ciertas responsabilidades. En ese sentido debemos avanzar dentro de la Iglesia Católica. Yo apuesto por el diálogo y un proceso de continuidad histórica. Ojalá podamos llegar dentro de su jerarquía eclesiástica a una igualdad de género más allá de discursos y promoción de valores. Ahora mismo hay un gran debate sobre el sacerdocio en la mujer. A final de cuentas la guía espiritual no está reservada sólo a los varones.

Mencionabas a las mujeres que ocupan cargos públicos. En este punto ¿siguen estando en desventajas frente a los hombres?

Por supuesto. En Coahuila hay muy pocas funcionarias, ni qué decir de presidentas municipales. Su representatividad como diputadas en el Congreso local sigue siendo escasa y en el gabinete ejecutivo peor aún. No podemos hablar ni remotamente de un equilibrio. Es lo mismo a escala nacional.

Las estadísticas suelen concentrarse en el número de víctimas fatales, pero pasan por alto la violencia que subsiste en el seno familiar y nunca llega a ser pública a pesar de que todos conocen su existencia y afecta a la mujer tanto física como psicológicamente. ¿De qué forma se comporta esta situación en México?

Hay un entendido de que todo lo que sucede alrededor de la mujer entra en el ámbito doméstico y se reserva su inequidad justamente en lo que dices: el campo psicológico, afectivo, incluso económico. Se considera que lo doméstico es para la mujer y lo público para el hombre. Si este sufre violencia entonces sí debe seguirse el caso, si es su pareja, ¡ah, no!, eso es asunto doméstico.

Prevalece todo un discurso social donde parece normal que a las mujeres se nos golpee o se nos digan palabras denigrantes. Pareciera que así nos educaron y tenemos reservados otros roles. Mientras los hombres pueden insultar y maltratar, cuando es una de nosotras quien lo hace, entonces le dicen que parece varón y así no se vale.

¿Qué soluciones propone adoptar en términos generales?

Hay varios caminos a seguir. Uno, investigar y sancionar a los culpables de agravios contra las mujeres. Dos, desmontar ciertos patrones culturales. Y tres, modificar la cuestión económica. Tendríamos que ver cómo están los salarios a nivel de empresas, comercios y pequeñas cooperativas. Si nosotras queremos poner un negocio qué tanta facilidad tenemos para hacer los trámites correspondientes. O sea, ¿cómo poder enfrentar un modelo económico que privilegia a los varones y que por alguna razón nos hace a un lado a nosotras?

¿A corto y mediano plazo qué futuro le depara a la mujer mexicana?

A pesar de lo que te he comentado y aún siendo minoría, tanto hombres como mujeres queremos revertir esta situación y me parece que hay avances. Existen otros países de primer mundo y de menos desarrollo económico que también están avanzando en eso. Seguimos una lógica de romper con nuestros esquemas tradicionales y la percepción de que la mujer está subordinada al varón —cuando ya se argumentaban incluso razones que pretendían ser biológicas a partir de comparaciones absurdas entre el cerebro masculino y femenino—. Afortunadamente avanzamos cada vez más a una apertura en la que nos involucramos ambos géneros.

Debemos comprender que no es una situación que solamente le compete al gobierno sino también a las empresas, a la ciudadanía, a las escuelas y las familias. Hay que acabar con esa inequidad, esos roles anticuados, y los logros sólo los podemos alcanzar sobre la base de una labor educativa-cultural.

138 casos de feminicidios resueltos en Juárez, casi la mitad de ellos a causa de violencia intrafamiliar

Las muertas de Juárez en cifras

Desde hace más de una década las desapariciones y asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez ha despertado la preocupación creciente en la sociedad, no solo dentro del municipio sino en todo México y la comunidad internacional. Se trata de un fenómeno que se incrementa por su ubicación fronteriza y un entorno socioeconómico minado por la impunidad, los intereses políticos, la ineficiencia policíaca, el narcotráfico y la concepción de un mundo patriarcal misógino.

El semanario Día Siete, en su edición 446, incluye una síntesis del informe del gobierno de Chihuahua sobre el asunto, donde se detalla que de enero de 1993 a diciembre de 2008 se registraron 447 crímenes en contra de féminas, los cuales conforman sólo 418 expedientes debido a que en los denominados asesinatos múltiples, los sucesos comprenden más de una víctima. De todos estos 292 fueron esclarecidos.

En el período que comprende la actual administración (octubre de 2004 a diciembre de 2008) suman 105 homicidios, con el 58 por ciento (61 casos) resueltos.

Sin embargo, también lograron solventarse otros 77 expedientes que se heredaron de administraciones anteriores, lo que arroja un total de 138 muertes que recibieron justicia.

Así, de 172 feminicidas atrapados, 108 obtuvieron sentencia condenatoria en juzgados penales, cincuenta están sujetos a proceso ante los tribunales correspondientes, siete fueron remitidos al Tribunal para Menores y otros siete probables responsables fallecieron antes de recibir sentencia por lo que se consideran casos terminados.


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