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Cuba y Estados Unidos por una vuelta de página
Espacio 4 - 10 de marzo de 2009

Raúl Castro
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El informe "Cambiando la política hacia Cuba - En el interés nacional de EE.UU." promovido por Richard Lugar, el senador republicano de más alto rango en el Comité de Relaciones Exteriores de la cámara alta, propone un cambio de estrategia en torno a la mayor de las Antillas y hace énfasis en el fracaso que constituye el embargo que por más de cuarenta años han mantenido las distintas administraciones estadounidenses con el objetivo de aislar al gobierno castrista.

Entre las razones que aduce el documento para levantar la sanción económica se cuenta la imposibilidad de alcanzar compromisos con La Habana en materia de combate al narcotráfico y regulaciones migratorias, la dificultad de sostener mejores relaciones con países que intentan negociar con la isla y el empañamiento de la imagen de Estados Unidos frente al resto de las naciones en la región. El texto alega que el embargo se ha convertido en la excusa perfecta para que el estado caribeño justifique sus continuas debacles económicas.

Un sondeo de Brookings Institution y la Universidad Internacional de la Florida, entre residentes de origen cubano en el condado Miami-Dade, revela que un cincuenta y cinco por ciento de los encuestados opina que el embargo comercial contra Cuba debe terminar.

Para el director del Instituto de Investigación de la Opinión Pública de este centro académico, Hugh Gladwin, "la generación de cubanos que vinieron a Estados Unidos durante los años sesenta ya se está retirando de la escena, en tanto hay un flujo continuo de inmigrantes desde la isla que rejuvenece a la comunidad, impulsando estos cambios". La brecha generacional puede insuflar aires menos viciados por el odio y el deseo de venganza entre quienes abandonaron la isla a inicios del proceso revolucionario, pero todavía no resulta suficiente para hacerse notar en la estructura política norteamericana. En los comicios de noviembre pasado, Ileana Ross-Lehtinen y Mario y Lincoln Díaz-Balart, los tres representantes cubano-estadounidenses del distrito en el Congreso de Estados Unidos, consiguieron su reelección por el Partido Republicano a cambio de sostener una actitud implacable contra Cuba.

El presidente Barack Obama, por su parte, ya expresó su intención de terminar con las restricciones a los viajes y al envío de remesas. Iniciativa que puede contar con el apoyo de demócratas y republicanos. No obstante, se abstuvo de hacer comentarios sobre el levantamiento del embargo, el cual requiere la aprobación del Congreso.

Otra gesto favorable en las relaciones bilaterales es la proposición que Obama lanzó durante su campaña electoral para reunirse con los enemigos de Estados Unidos, incluyendo a Raúl Castro.

En ese sentido, el actual presidente de Cuba aprovechó una inusual entrevista que concedió al actor y director de cine, Sean Penn, para asegurar que "debemos encontrarnos y comenzar a resolver nuestros problemas". Interés que contrasta con la posición displicente que históricamente asumió su hermano Fidel mientras estuvo en el poder.

Michael Voss, corresponsal de BBC en La Habana, señala que Castro también indicó que si Washington levanta el embargo comercial, su gobierno permitiría a las compañías petroleras estadounidenses explorar las aguas cubanas, donde ya se encuentran empresas de otras naciones.

Adelantándose a los acontecimientos, Raúl enfatizó que, de darse el encuentro, optaría por un terreno neutral, fuera de Estados Unidos o Cuba. Para el mandatario un lugar adecuado podría ser la controversial base naval estadounidense en la Bahía de Guantánamo.

Raúl pasa del dicho al hecho y corre a fidelistas

La posible vuelta de página entre Estados Unidos y Cuba no se sostiene sólo con promesas. La reorganización del gabinete gubernamental por parte de Raúl Castro pone al descubierto su interés en lograr llevar adelante sus propios proyectos administrativos.

Nombres que antaño se creían intocables son tachados del Consejo de Estado para dar paso a una comitiva mejor conocida por el nuevo presidente y conformada, en su mayoría, por militares. El cambio toca a doce altos funcionarios entre los que se cuentan a Felipe Pérez Roque, ministro de Relaciones Exteriores, y Carlos Lage Dávila, secretario del Consejo de Ministros —para muchos los más fieles aliados a Fidel Castro—. Además, se suman a la lista de destituidos José Luis Rodríguez García, vicepresidente del Consejo de Ministros y Ministro de Economía y Planificación, y Otto Rivero Torres, vicepresidente del Consejo de Ministros.

Las modificaciones incluyen también la fusión de cuatro ministerios —el de Comercio Exterior e Inversión Extranjera con Colaboración Económica y el de la Industria Alimenticia con la Industria Pesquera—. De esta forma Raúl crea una plataforma sólida dentro de su gobierno, deja en claro que nadie es intocable y acorta las distancias burocráticas para poner en práctica sus planes.

Sin embargo, lo más importante es la diferencia que empieza a marcar en relación a su hermano. Aunque Fidel declaró en una nota que publica el periódico Granma, el 4 de marzo, que “la mayoría de los que fueron reemplazados nunca los propuse yo” y más adelante que “los nuevos ministros que acaban de nombrarse fueron consultados conmigo”, es innegable la vuelta de tuerca que acaba de practicarle Raúl.

Un gesto que no pasará inadvertido por Estados Unidos, especialmente cuando se trata de un país que en los últimos años había momificado no sólo su sistema político, sino también a sus representantes.


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